jueves, 23 de septiembre de 2010

Lluvia de Verano



Helados de cereza, violetas, pecas en la nariz, pelirrojo!

Recuerdo el sonido de los pasos de aquella calle, es como cuando sabes que ha llegado papá porque has escuchado el motor de su coche gruñendo en la puerta de casa, o cuando escuchas (contentas) esas llaves impacientes por abrir la puerta al final del día y reposar en el cuenco de cristal de la entrada hasta mañana.
Pues es lo mismo, en esa calle los pasos suenan distintos, y da igual que el que camina sea alto, bajo, hombre, mujer o niño, lleve sandalias, zapatos de tacón o vaya descalzo, porque siempre suena igual, se oyen (como si fueran) nubes grises que se acercan cada vez más, son susurros que dicen que algo viene, que algo va a pasar, hasta que en un segundo todo se para.
Un silencio sepulcral invade la calle, el ultimo de los pasos se detiene, enmudece, y en ese instante...

¡clop!

Una gota resbala sobre tu nariz... y otra, y despues otra, y el olor a helado de cereza está cada vez más lejos, y ahora los pasos son rápidos y desordenados, respiras profundo, como si quisieras oir con los pulmones, ver con los pulmones, sentir el aire, el frio, la lluvia que ya ha empezado a calarte la ropa, a mojar tu pelo rojizo... y entre tanto echas a andar, mojado, y tus pasos suenan como los pasos de esa calle, ni más ni menos.
Tengo ese sonido metido en la cabeza, es el sonido que viene de dentro, el que se mezcla con el dolor del impacto de los pies en el asfalto.
Tantos y tantos días lo sentí, tantas veces lo único que acompañaba mi camino era ese ruido ritmico de un pie tras otro... que es lo único que recuerdo, el único sonido que seria capaz de asimilar aunque pasara un ejército imperial o hicieran de mi calle favorita un mercadillo.

Pero tengo que reconocer, que no hay nada especial en esa calle, que lo especial es esa lluvia, que por unos instantes nos lleva a otro lugar y nos llena la cabeza de contradicciones y ocurrencias imposibles, porque al fin y al cabo, ella es así, en apenas segundos consigue lo inimaginable, es capaz ocultar la luz, de comerse el sol, y de romperlo todo, de pintarnos de gris y ensombrecer tu día.

Lo único bueno en todo esto, es que inexplicablemente, no a todo el mundo le gusta el helado de cereza, pero sí el olor a tierra mojada y las extrañas lluvias de verano.

miércoles, 25 de agosto de 2010


sky
Paseé entre las nubes durante un buen rato, cuando quise darme cuenta, llevaba días, meses, años haciendo lo mismo.
Ahora soy consciente de que, con los pies en la tierra, puedes impregnarte de azul, de sol, y de aire limpio, de que el suelo, no solo sirve para caer en el, sino para sostenernos, para equilibrarnos, y para tomar el impulso que se necesita para saltar, para volar...

miércoles, 28 de julio de 2010

Me llamaba, a gritos, quería ahogarme en su pasado, hacerme desaparecer del presente, pero por suerte... nunca creí ser capaz de evaporarme, aunque muchas veces lo deseé con todas mis fuerzas, todas esas veces era yo la que gritaba para ahogarme en mi futuro.

viernes, 16 de julio de 2010

Este estado de quietud constante, estas horas muertas, estos días absurdos y sin sentido, perdidos en el presente ya pasado me recuerdan a algo, a un tiempo anterior a este, muy parecido, y a la vez tan diferente.
Días de poco provecho, o mucho según se mire.
Sábanas, despertadores apagados, pocas llamadas, pocas visitas, horas muertas de sofá, quizás sean productivas esas horas "perdidas", retomo antiguos quehaceres que no hago, en definitiva no deja de ser un "no hacer nada" constante, con sus cosas buenas y malas.
Páginas y páginas leidas, palabras y más palabras escritas, tecla tras tecla, letra tras letra, fotogramas que cuentan historias, historias de insomnio, de dolor y de espera.
Me pasan los días en blanco y negro, pero no me importa, porque a diferencia de aquellos recuerdos pasados, ahora las palabras son placer, las páginas placer, el insomnio placer, y el dolor... el dolor pasará como ha pasado siempre, porque el placer estos días es, estar llena de optimismo.

viernes, 9 de julio de 2010

Relato por fascículos. 1ª parte

ocre y vaho

Distrito oeste.
Es sabido por todos los que vivían allí, o habían pasado por sus interminables pasillos de sol, que en aquel lugar nunca anochecía, que los atardeceres eran perpetuos, que no había más color que el que correspondiera bañado en ocre, rojo y naranja.
Los azules ojos de Paula suponían un gran problema, un desencaje encajado casi a golpes, o si no era eso, nadie podía explicar el porqué de la existencia de aquella niña y por qué paseaba por aquellos pasillos cálidos.

- Debe volver a su lugar, al sitio adecuado para ella- decían los que si encajaban con el prototipo ocre, los que vivían entre luces de bombillas de 40w, los que andaban descalzos sobre suelos de madera mientras escuchaban el dulce crujir del material bajo sus pies.

Pero aquella era su casa, su hogar, dónde había nacido.
Muchas veces se preguntaba por qué ella era diferente, por qué sus ojos eran color de mar, tan diferentes a los de los demás, húmedos y fríos.

Al otro lado encontrábamos el distrito este, rescaté de mis recuerdos imágenes blancas, estuve allí hace tiempo, hace tanto, que mi recuerdo se reduce a solo una sensación, frío.

Según me contaron, aquel lugar era una mezcla de pureza y perfección, el blanco lo inundaba todo, suelos, paredes, incluso las caritas de aquellos niños que jugaban con el hielo, caras blanquecinas, una piel impecable. Tal y como me los describían, parecían, o cerca estaban de parecerlo, ángeles.
Sus miradas azul profundo transmitían algo extraño, como si mezcláramos pena con miedo y… bueno, todo lo que sintieras con una de aquellas miradas venía precedido de un espeluznante escalofrío, que ya te hacía esperar cualquier cosa.
Pasillos de aluminio, cristal y barras de luz, blancas, cegadoras.
Siempre era de noche, siempre hacía frío, y es de esperar, que todos los que allí vivían, tenían un carácter un tanto especial, eran distantes, calculadores, perfeccionistas, silenciosos… creo que seguir es innecesario, es un prototipo de persona muy bien marcado, fácil de imaginar.

jueves, 8 de julio de 2010

Hay algo que me ha abandonado, no sé muy bien qué, y si lo supiera, iría corriendo a buscarlo, porque me hace falta, mucha falta.
Me faltan letras, palabras, ideas... y no se dónde han ido, o qué las propiciaba, qué las retenía conmigo.
Quizás en algún momento mi propósito dio un giro, cambió el rumbo y salió mal, no lo entiendo. Lo que se es que ahora estoy "nublada"
Lo mío es escribir sentimientos córcholis! ¿Por qué diablos inventas historias? Y si ahora muestro mi enfado es porque me he dado cuenta de que el giro salió mal, como otros cambios en un año, y por qué escribo ahora? -porque esto vuelven a ser sentimientos, y análisis de actos, fallos y meteduras de pata, así es como va bien, como las letras vuelven a posarse en mi cabeza, porque esto es lo fácil, porque despues de un tiempo, me he dado cuenta de una cosa:
Si algo se hacer bien, es expresarme, hablar conmigo, entenderme. A veces puedo transmitir a alguien más, pero tambien, con el tiempo, me he dado cuenta de que me da igual, de que no me importa que alguien no entienda o me mire con ojos desorbitados... Estoy aqui, y se descifrar mis propios laberintos, con eso me basta HOY.

martes, 6 de julio de 2010



Los caminos se hacen largos, los pasos, cada vez más cortos.

lunes, 12 de abril de 2010

Se pisaba los zapatos cuando estaba nerviosa, un pie encima de otro...
Era de ese tipo de personas que tiran platos y vasos cuando se enfada, pero en el fondo, si sabias mirar muy muy profundo era encantadora. Yo aprendí a mirarla tan desde dentro que con solo una sonrisa me contagiaba.
Aún recuerdo el día en que me miró, se acercó a mi y me vi reflejada en sus pupilas, la sentí tan dentro que eché a llorar, todos creían que era una niña insufrible, con sus rabietas, y los portazos que te daba en las narices cuando no quería hablar con nadie, pero a veces se sentía tan tan sola, que el simple hecho de que te regalara una sonrisa ya era todo un espectáculo, y se sentía como un milagro, como el sol tras la tormenta.
Esos días es cuando yo miraba mis zapatos de charol, y me acordaba de aquella niña que siempre ponia un pie encima de otro, que iba con el zapato derecho sucio a todas partes... Ahora han pasado años, y esa niña ya no está, ahora nunca me piso los zapatos, quizas, porque ya no me siento tan sola.

miércoles, 13 de enero de 2010

Dominique

Aquel hombre de periódico en mano me sonrió desde el banco, aprecié sus botas mojadas, y sus bolsillos llenos, supongo, que de migas de pan para las palomas.
Me acerqué un instante, lo suficiente, para poder observar con detenimiento las huellas del paso del tiempo, y como habían dejado marcada la piel de su rostro, arrugas de, eso quise pensar, haber reido mucho y muy a menudo. Ya de cerca vi algo que me desconcertó, sus ojos, me decían lo contrario, habían perdido el color, debieron ser de un azul cielo precioso, pero daba la impresión que de tanto llorar hubieran ido derramando azul por las mejillas.
Solo, y siempre en el mismo banco, con esa fusión de tristeza en sus ojos y sonrisa permanente al vacío.
Un día, una idea echó por tierra la lucha entre tristeza y felicidad que mis observaciones habían generado...

Creo, que hoy me sentaré al lado de aquel hombre, y le preguntaré su nombre, sólo entonces, os contaré que fué de su vida.