miércoles, 13 de enero de 2010

Dominique

Aquel hombre de periódico en mano me sonrió desde el banco, aprecié sus botas mojadas, y sus bolsillos llenos, supongo, que de migas de pan para las palomas.
Me acerqué un instante, lo suficiente, para poder observar con detenimiento las huellas del paso del tiempo, y como habían dejado marcada la piel de su rostro, arrugas de, eso quise pensar, haber reido mucho y muy a menudo. Ya de cerca vi algo que me desconcertó, sus ojos, me decían lo contrario, habían perdido el color, debieron ser de un azul cielo precioso, pero daba la impresión que de tanto llorar hubieran ido derramando azul por las mejillas.
Solo, y siempre en el mismo banco, con esa fusión de tristeza en sus ojos y sonrisa permanente al vacío.
Un día, una idea echó por tierra la lucha entre tristeza y felicidad que mis observaciones habían generado...

Creo, que hoy me sentaré al lado de aquel hombre, y le preguntaré su nombre, sólo entonces, os contaré que fué de su vida.