viernes, 23 de marzo de 2012

Segundos

Difícil, me propongo, me dispongo a escribir, palabras sueltas, letras, no llegaré a expresarme, seguro, no quiero ni lo intento, aunque siempre acabe pasando, inconsciente y revuelto.
Me ensordecen las ganas, me gritan las ideas, lentas, violentas, sordas.

Llevo tiempo, meses, segundos incontables sin vaciarme, sin perderme o evadirme, sin escucharme, respiro lento y fuerte.

Me distrae. Pausa.

Notas, me gusta escucharte, sigo:

Casi como algo incomprensible pero nunca sin sentido, sólo para mi, me gusta hacer esto, pensar es demasiado confuso ya, las ideas pesan poco, los recuerdos pesan poco, intangibles, los sonidos pesan poco, las letras pesan siempre.

¿Dónde están los parques, los libros o los cuentos? Las luces, las canciones…
Soy difícil, quizás no. Me cuesta, me entiendo pero me cuesta pensar despacio*. (“Filtro” Véase más abajo)

La felicidad está cerca, pero somos inconformistas por naturaleza, hay días felices, pero sólo son eso, días en los que todo va como queremos que vaya, días que son lo que esperamos que sean, sin pensar en los que no lo son tanto, o los que parecen serlo. Los días felices en los que se piensa demasiado empiezan a dejar de parecerlo, cambian el rumbo y el concepto, cambian tu ánimo, tienes un mal día, pones la cabeza sobre la almohada pensando que mañana será mejor, empiezas a respirar despacio, a soñar despacio, duermes.
7:00 am Comienza tu día feliz.

Nunca acabo lo que empiezo, páginas y páginas que abandono porque a fin de cuentas no son para nadie, porque olvido que detrás de todo hay gente que ve y oye, pero es inevitable, expresarme es mi medio de ser feliz, de sentirme bien conmigo misma, y a veces, como hoy, necesito hablar con alguien, pero ese alguien acabo siendo yo, y no me importa, sino todo lo contrario. Es más fácil para mi no correr el riesgo de expresarme mal, o de recibir una mirada de incomprensión, Word no hace esas cosas.
Y aunque tengo que poner especial empeño en fabricar un buen filtro* para mis ideas casi siempre acaba siendo más fácil que cuando empiezo.

Y esta paz es lo que me revive, estar sola, que es lo que significa todo el rollo de ahí arriba sobre monólogos en primera persona, me hace descargar los huesos de rutina, de “y si” y de inconformidades. Es una terapia intensiva contra los días no tan felices, dado que no hay razones reales para esos días, si las hubiera sé de sobra que una conversación “con dios” no sería suficiente para paliar la desgana o mitigar este extraño desconsuelo.
Es necesario a veces, al menos para mi, aunque te eche de menos, me gusta hacerlo, me gusta echarte de menos porque no estás. Es una especie de confirmación.

Y tras varias frases (al final con algo de sentido) que no significan nada, sin reflexiones profundas, me doy por satisfecha, curada, y lista para dejar caer la cabeza en la almohada, sentirme lenta, respirar despacio… Inconsciencia.

7:00 am Comienza mi día feliz.