miércoles, 4 de diciembre de 2013

Al polvo

Tiene que esperar a estar sola para ahogarse en su odio a sí misma, sabe que de otra manera haría daño a los que se encuentren más cerca, como un proyectil sin rumbo que impacta en el primer objetivo en movimiento, dejando a su paso ríos de destrucción masiva, dolor y sangre.
En el hastío de su soledad ya no hay misiles, porque ella no se mueve, permanece sentada, sin pestañear, sin respirar, oyendo los ecos de sus silencios que le gritan por dentro y que nadie más oye.
Se pregunta por qué sólo en estos momentos aparece toda la rabia que lleva dentro, y aunque lo sabe, las respuestas no son lo que ella espera. Exprimiendo sus ideas llega a la conclusión de que es culpa suya, de que todo lo que le sucede es fruto de un tropiezo tras otro, de que las piedras que encontró por el camino las fue poniendo una a una, ella misma y sin ayuda. Y no, esto no es lo que quiere saber, quiere ir más allá, saber por qué las puso, y por qué se sorprende al tropezar como una ignorante.
Se siente sucia, por el barro de su ropa, haciéndose una pasta de incertidumbre tras sus pasos polvorientos.
No puedo explicar con palabras por qué hoy hablo de ella en tercera persona, creo que no la reconozco, que se ha alejado de mí hasta ese punto sin retorno del que nadie sabe cómo volver. Se está dejando llevar, y se está dejando ir, como el polvo que hace que un camino de tierra sea eso y no otra cosa. Llega el viento y el polvo se pega a él buscando un futuro mejor, y aunque el camino sigue ahí, le falta algo, le falta lo que le hará cambiar para siempre, le falta lo que marcará la diferencia en unos cuantos años.
Pero ella sigue sin verlo, atada de pies y manos y ahogada en su odio y su rabia, presa del viento que la lleva a otros caminos desiertos que no conoce. El viaje a veces puede parecerle divertido, pero no lo es, viajar sin rumbo es cualquier cosa menos divertido.
No le gusta no saber dónde dormirá mañana, y no descansará hasta que pueda declarar finalizada la guerra, marcar un punto y final en una etapa y nacer de nuevo, con la sorpresa de cada paso, con la ignorancia y la ilusión que supone tener un rumbo que se prevé especial, distinto a cuantos otros haya tenido la suerte o mala suerte de hacer suyos.

Un viaje infinito hacia el estado de conciencia más sereno, sin bombas, sin dolor, sin sangre.

jueves, 31 de octubre de 2013

Lugares de la memoria

Hay lugares que se escapan de lo real, que se parecen a los domingos desiertos y a los silencios de calles inhabitadas. Lugares que forman parte de la memoria, que se esconden en ella, que nadie ha visto más que nosotros mismos hace años, siglos o nunca.

Y hay días en los que quiero perderme en ellos. Dejarme llevar por el reloj parado de sus acontecimientos.
Lugares en mapas de piel

viernes, 26 de abril de 2013

Con alas rotas y sonrisas inertes

Niños que vuelven al mar con alas rotas y sonrisas inertes, y escalofríos entre espuma y olas que encogen sus pulmones. Se aprietan fuerte las manos esperando su último suspiro y observan sus miedos desde dentro, desde el más frío de los temores, anhelando el más cálido de los abrazos. Mensajes que no dejan, palabras que no dicen. Porque vivir se ha vuelto difícil, porque morir está más cerca y es más barato. Y esperan. Esperan las manos que los lleven mar adentro, que los duerman. Esperan la voz que les cante al oído. Y llegan, llegan las manos a acunarlos, llega la voz que les canta su última nana. Y las olas los envuelven, ante un mar enfurecido que pierde fuerza a medida que avanza, que se hace débil al mirarles. Débiles ellos, que luchan sin sus alas contra el viento, que pretende llevarlos a tierra aunque no quieran. Y pelean, desisten. Y se dejan vencer por la voz que les cantaba, y que ahora les dice: -El final de las cicatrices. Y ya sin plumas vuelven, y duermen, hasta que el sol les da los buenos días, envolviéndolos en el abrazo más cálido que jamás imaginaron, y sonríen, ahora sí, al hacer de sus últimos anhelos, el mejor deseo de un nuevo cumpleaños.