viernes, 26 de abril de 2013
Con alas rotas y sonrisas inertes
Niños que vuelven al mar con alas rotas y sonrisas inertes, y escalofríos entre espuma y olas que encogen sus pulmones.
Se aprietan fuerte las manos esperando su último suspiro y observan sus miedos desde dentro, desde el más frío de los temores, anhelando el más cálido de los abrazos.
Mensajes que no dejan, palabras que no dicen. Porque vivir se ha vuelto difícil, porque morir está más cerca y es más barato.
Y esperan. Esperan las manos que los lleven mar adentro, que los duerman. Esperan la voz que les cante al oído.
Y llegan, llegan las manos a acunarlos, llega la voz que les canta su última nana.
Y las olas los envuelven, ante un mar enfurecido que pierde fuerza a medida que avanza, que se hace débil al mirarles.
Débiles ellos, que luchan sin sus alas contra el viento, que pretende llevarlos a tierra aunque no quieran. Y pelean, desisten. Y se dejan vencer por la voz que les cantaba, y que ahora les dice:
-El final de las cicatrices.
Y ya sin plumas vuelven, y duermen, hasta que el sol les da los buenos días, envolviéndolos en el abrazo más cálido que jamás imaginaron, y sonríen, ahora sí, al hacer de sus últimos anhelos, el mejor deseo de un nuevo cumpleaños.
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